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LOS NUEVOS HÉROES

Alguna vez en las aulas se nos enseñó la historia de Chile haciéndonos subrayar con lápiz rojo a los próceres de la Patria. Cómo olvidar a O´Higgins, Prat y Carrera. Incluso, miradas más inclusivas daban heroicidad a caudillos más ancestrales, como Michimalonco, Lautaro y Galvarino, o líderes más polémicos como Manuel Rodríguez y Diego Portales. Cada uno de ellos en virtud de su aporte a la defensa, independencia o construcción de un pueblo que siente arraigo por esta tierra. Y a pesar de que todos ellos tienen sus nombres con letras doradas en los libros de nuestra historia, asimismo están manchados con la sangre de los nuestros, propio de una lucha entre grupos que mezclan razones legítimas e ilegítimas para validar la muerte en pos de afanes “superiores”. Quizá por eso nos hacían marcar con rojo estos nombres cuando éramos niños. ¿Qué da la categoría o el rótulo de héroe a un personaje de nuestra historia? Tendemos a creer que es alguien que consigue fama producto de sus hazañas y virtudes, mas esas virtudes por lo general están asociadas al enfrentamiento bélico. ¿Acaso es la sangre derramada o la cantidad de vidas quitadas en pos de un beneficio superior? ¿Es un error de concepto acaso validar la muerte de otros y la propia por objetivos generales de país, o hablamos de una práctica humana ancestral, intrínseca y perfectamente razonable? ¿No hemos sido críticos del discurso del gobierno de EE.UU., de sus políticas internacionales y acciones concretas que legitiman la muerte de miles y la limitación de las libertades de millones en virtud de la seguridad o la economía de una nación? Se tiende a cubrir con un hermoso guante de seda la monstruosa mano de hierro. Los conflictos bélicos pasan a ser políticamente correctos cuando se les pone encima axiomas tan subjetivos como el patriotismo, la justicia, la moral y los valores de un pueblo. No debemos olvidar que Prat, nuestro máximo héroe nacional, sacrificó su vida por una guerra en donde las partes buscaban apropiarse de territorios ricos en salitre, pero que se perpetuó en el tiempo como un legítimo emblema patrio, una batalla casi poética, que eternizó el detrimento de las relaciones entre los países en conflicto. Seguramente, los más chauvinistas podrían encontrar cientos de argumentos para hacernos reconocer que nuestros héroes sí tenían razones legítimas por las cuales convertir el suelo fértil de esta tierra en un charco de sangre, y que debiésemos estar agradecidos como herederos de tal sacrificio. Empero, el foco de esta columna no es cuestionar a los llamados próceres, sino instar a replantear nuestro modo de pensamiento y las categorías que nos proponemos individualmente y en conjunto, para mirar nuestra realidad con sentido histórico. No cabe duda que hablar de guerra es políticamente incorrecto. Pero cuando se acuña el concepto de “lucha” dentro de un discurso reivindicativo, nos resulta ser un precepto noble, casi sagrado. Así, la idea de lucha la entendemos como la que da el débil contra el fuerte, el indigente contra la pobreza, el sometido contra la dictadura, el enfermo contra el mal que le aqueja, etc. Por ende, nos parece que es una pelea que debe darse y merece ser ganada. Así, vemos con complacencia la caída de aquellos contrarios a “lo correcto”, aunque para ello se haya debido recurrir a la violencia. Pero, ¿no se puede luchar sin agredir a otros para lograr lo que queremos y de pasada ser un héroe? O, lo que es más absurdo, aparentemente: ¿Se puede “no-luchar”, lograr ser la expresión de lo que queremos y ser un héroe a la vez? Quizá una mirada más acuciosa a la historia universal podría ser muy productiva en la búsqueda de héroes que no han recurrido a la violencia y han obtenido tal categoría sin asesinar ni haber mandado a matar a nadie. Hoy en día la lucha la están dando los ejércitos pacíficos y silenciosos que batallan contra la pobreza. Hoy en día la lucha la están dando miles de conciencias que siguen y creen certeramente que la educación no es un bien de consumo. Hoy en día la lucha la están dando los pacíficos defensores de los niños, de los animales y de la naturaleza. Hoy en día la lucha la están dando los adultos que vieron su infancia vejada por poderes fácticos con individuos que tenían el rótulo de Santo y que se arrogaban el derecho y la autoridad de, no sólo robar la intimidad de sus víctimas, sino de sembrar en sus conciencias la culpa y el resentimiento. Personas que han debido exponer su pasado para así hacer evidente la podredumbre de una institución con prácticas arcanas y lascivas? En lo personal, creo que no hay más héroe que aquel capaz de enfrentarse a sí mismo, conocerse y estar en paz consigo y con el mundo. No me cabe duda que en este mundo hay miles de causas por las cuales muchos estarían dispuestos a pasar bala y quitar cuanta vida fuese necesaria. Mas, sigo pensando en la utopía de un mundo que se abstraiga de los grupos de poder, cúpulas capaces de convocar a las masas para usarlas como carne de cañón en sus intereses o aberraciones. Sigo creyendo en la infinita creatividad de la no-lucha, la que se sustenta en la autoconciencia, el respeto, el sentido común, el aprendizaje, el perdón, la contribución y la conciencia de la totalidad. Sigo creyendo en la capacidad natural de todo ser humano para desarrollar su talento en virtud del bien común y el desarrollo de su propia conciencia. Hombres y mujeres que ya no desperdician su talento único e individual para luchar toscamente en guerras que sólo obtienen como botín el beneficio de oligarquías sedientas de poder y riquezas materiales. Hombres y mujeres que olvidaron la espada, el fusil y la metralleta, para blandir la pluma, el micrófono o el bisturí, que sanan la mente, el alma y el cuerpo. Hombres y mujeres que trabajan para dar años de su vida a la formación de sus hijos y los de otros. Hombres y mujeres que lavan nuestra ropa, limpian nuestras casas y cocinan nuestros alimentos. Hombres y mujeres que en la humanidad del mañana y que, a pesar de no haber acabado con la vida de sus detractores ni haber rendido culto a las oligarquías del sistema que los gobierna, tendrán el derecho a ser llamados “los nuevos héroes”.

Rodrigo Castillo Ahumada

Escritor