Qué está pasando...

CARROÑEROS DE LA REALIDAD

El reverenciado Marshall Mcluhan dijo que los medios de comunicación masiva son una extensión de los sentidos humanos, capaces de permitirnos ver y oír más lejos, y poder hacernos sentir que estamos en otro lugar. Sin embargo, también se hizo célebre por su asertiva frase “El medio es el mensaje”, idea que obligó a los estudiosos a tomar más atención a la función de los mass media como moldeadores de la información, entendiéndolos como una variable que ofrece un mensaje per se, dando carácter, estilo, forma y estética a la interpretación de la realidad. Los medios masivos han cambiado la manera y la velocidad en que funciona nuestra comunicación, pero no sólo han generado esta dinámica que hoy se nos hace inmedible. Además, son capaces de mostrarnos una realidad global que nos parece representativa y confiable, al punto que la mayoría de las interpretaciones que hacemos del pasado, presente y futuro, tienen como innegable sustrato lo que aprehendemos de los medios masivos. Muchas veces nos preocupamos más por la cantidad de veces que aparece un hecho en los medios que por la calidad de dicha información. Pocas veces indagamos en otras fuentes. Y lo que es peor, si algo no aparece en los medios, se trata de algo que no tiene importancia… pero, ¿por qué culparnos por todo eso? Obviamente no tenemos tiempo para indagar toda la información que nos entregan los medios. La vida nos está exigiendo tantas cosas que lo único que podemos hacer es alienarnos y hacernos partícipes pasivos de lo que los medios regurgitan hacia nosotros y que cómodamente compramos. Tendemos orgullosamente a pensar que, gracias a los medios de comunicación masiva, hoy podemos enterarnos de todo lo que ocurre en el mundo. Sin embargo, el caudal de información que entregan las distintas realidades del mundo es tan abrumador, que los medios no pueden mostrar todos los aspectos de la realidad. Pero, ¿por qué muestran lo que muestran? Naturalmente la respuesta es similar a la de otros ámbitos sociales que tienden a cuestionar la acción del modelo de sociedad, en donde todo es comercializable. Y resulta razonable pensarlo, sobre todo porque los medios, de una u otra manera, venden la información. Sin embargo, me permito cuestionar también la acción del individuo común y corriente, que finalmente es quien consume lo que los mass media procesan. Como toda industria, los medios de comunicación requieren insumos, infraestructura, logística, mercado y consumidores, entre otras variables. Pero si nos enfocamos en lo primero, el insumo de este negocio es, teóricamente: la realidad. La realidad es algo que, para su comprensión, requiere adscribirse a una base epistemológica que le dé sentido, aunque sabemos que una sociedad que se desarrolla en función de los avances técnicos y científicos, no basa su comprensión de la realidad en la filosofía o la religión, sino en la idea de una realidad objetiva, práctica e incluso medible. No obstante, más allá de lo útiles que son los instrumentos metodológicos, la realidad se interpreta desde la experiencia humana y cada ser humano es legítimo traductor de lo que vive en independencia o en comunidad. Pero, como la sociedad funciona a una velocidad que nos parece absolutamente necesaria, hoy son los medios masivos los que transmiten esas “realidades” para que podamos tener acceso a tales experiencias. Es así como los utilizamos para informarnos y actuamos desde aquel conocimiento compactado. Los medios masivos no pueden transmitir las investigaciones que realizan los científicos, ni los artículos asociados a las mismas, tampoco pueden darnos a conocer un mayor número de perspectivas que las que les permite el formato, ni mucho menos son capaces de ser fieles al detalle íntimo de quienes viven las experiencias o generan la información. Nadie estaría dispuesto tampoco a pasar horas al lado de una radio o frente a un televisor para conocer en detalle sólo un tema. La vida moderna nos exige que sepamos de todo un poco y que ocupemos esa información de manera práctica, sino, pierde validez, porque el sentido lo está dando una sociedad pragmática y cortoplacista. Un punto clave en estas últimas ideas es el hecho que los medios no son canales asépticos por los cuales pasa de manera limpia la información. Todos los medios tienen características cualitativas, tiempos, espacios y líneas editoriales que influyen en los mensajes, ya que éstos pasan por un proceso que, además, debe considerar que tiene que sustentarse en un modelo económico que les exige mantener un nivel estable de consumidores. Esto, además, ocurre con una dinámica tan acelerada que hace inviable profundizar en las temáticas y, por supuesto, descartar aquellos aspectos que son poco atractivos. Por tanto, en la mayoría de los casos, los medios seleccionan aquello que es útil y que cumpla con lo anterior. Lo compactan, lo procesan, le dan “sabor” y lo despachan al público, tal como análogamente lo hacen las fábricas de salchichas. Ahora, aplicando la misma metáfora, somos incapaces de intervenir individualmente este proceso y debemos consumir tal cual el producto informativo, y así, todos nuestros sentidos nos indican que es tan real como absoluta, a pesar de que ni siquiera los medios fueron capaces de extraer tal completitud. Si bien la televisión satelital, los diarios electrónicos, las redes sociales y en general las tecnologías de la información y comunicación nos podrían mantener al día en casi todos los ámbitos de la sociedad moderna, también nos pueden convertir en entes pasivos, adictos a la información y a la conectividad, escindiéndonos de la riqueza de la experiencia humana que ofrecen otras realidades, quizá tan simples como meditar, leer un libro, conversar con un anciano, participar de una marcha o escribir un breve artículo. No quiero que se entienda esta columna desde un discurso iconoclasta que busca usurpar el espacio que ostentan los mass media y dejar nada en su lugar. Sólo apelo al libre pensador o pensadora, para que reconozca en sí mism@ la capacidad de observar y traducir lo que llamamos realidad, y que considere a los medios masivos como un traductor más de esta, no el único, para así no caer en el cómodo masaje que realizan a nuestros sentidos y dejemos de alimentarnos únicamente con la carroña de la realidad

Rodrigo Castillo Ahumada

Escritor