Qué está pasando...

NO TODO LO QUE BRILLA ES ORO

En el año 2011 nos sorprendimos con el video de Ted Williams en YouTube, el mendigo norteamericano con voz de locutor, a quien se apodaba gold voice man debido a que su tono, modulación, dicción y vocabulario estaban muy por sobre la media. En realidad algo difícil de dejar pasar. Una vez que el video ingresó a la Web, fue cosa de días para que se viralizara y millones de personas fuesen testigos de algo que aún a muchos nos molesta: Un talento sobresaliente, literalmente, botado en la calle. Cuando esto pasó a las noticias y cada vez más gente supo algo nuevo de la historia de Ted, nos estremecimos ante los detalles de su caótica existencia: drogas, alcohol, delincuencia, hambre y frío, todo eso había sido parte de su camino en los últimos años. Todos los días surgían nuevos antecedentes a través de los medios y nos sobrecogimos al ver el reencuentro con su madre, una señora de más de noventa años, a quien le relató entre sollozos lo duro que había sido pasar todo este tiempo y lo mucho que le costó salir de sus adicciones. Pero que con fe y devoción, tal como le había enseñado ella, estaba rehabilitado de sus vicios. Estoy seguro que la mayoría, y me incluyo, pensamos: “Qué notable el caso de este hombre que fue capaz de salir de sus adicciones a pesar de todo”. Realmente era para estar orgulloso: Creer que la superación personal es posible. Pero al cabo de unos días, y también en las noticias a nivel mundial, se supo que junto a las ofertas de trabajo, dinero, vivienda, etc., llegaron serios problemas familiares, al punto que fue detenido por violencia contra su hija, quien lo acusó de ser un alcohólico aún. La decepción que pudimos sentir era legítima. ¿Dónde estaba el hombre bueno que “rescatamos” de la calle a través de YouTube? ¿Qué tan crédulos fuimos al creer toda esta historia? Sinceramente pienso que nuestra ingenuidad no está en el hecho de creer en el hombre de la voz de oro, sino que está en pensar que las personas se rehabilitan solas en las calles. Sin duda que el alcoholismo y la drogadicción, salvo casos excepcionales, son decisiones individuales, pero también es cierto que es un problema de todos, no de quienes lo padecen, únicamente. El vagabundo, el pordiosero, el mendigo, el desamparado, el homeless o como quiera etiquetarlo, busca sobrevivir de la manera que la calle le permite, y la calle seguirá siendo hostil hasta que aparezca un alma caritativa que intente “ayudarlo” con algunas monedas para mitigar la culpa que significa verlo en esa condición. Quizá aún no comprendemos que las adicciones no son enfermedades, sino sendas manifestaciones de desequilibrios sociales, culturales, psicológicos y valóricos que trastocan todo, de una u otra manera. He de esperarse que la ingenuidad no nos haga dejar pasar a todos los Ted Williams que pululan en nuestra ciudad y que no los ensalcemos sólo por tener un don manifiesto, porque cuando la integridad de la persona está vulnerada, el talento seguirá errante en almas vacías que buscan adaptarse en esa sucia calle que miramos con desdén.

Rodrigo Castillo Ahumada

Escritor